Si has llegado hasta este punto es que el tema te interesa de verdad (lo cual nos llena de orgullo y satisfacción) asique crear un nuevo microrrelato ¿por qué no?de piratas espaciales o vacas famélicas, de la boda de tus padres o el desasosiego emocional. todo tiene cabida aquí siempre que cumpla un par de requisitos:
1- la extensión máxima no puede sobrepasar los 600 caracteres sin espacios
2- lo que escribas ha de tener una de estas palabras : ventana/tranvía/sombrero/cóncavo/palabra/cárcel
la razón es sencilla, los microrrelatos que tenemos se hicieron en base a una sola palabra, tú tienes 6 para elegir.
¡todo tuyo!
Noviembre 15, 2007 a las 12:47 am
Los míos también están a vuestra entera disposición, si es que los quereis…
Un saludo
Mameluco
Noviembre 15, 2007 a las 5:29 pm
no me queda muy claro si hay q ponerlo aquí pero…ahí va.
“Ahora es cuando entiendo por qué pedías a gritos que abriese la ventana. Para formar de nuevo el círculo y borrar de golpe la sonrisa, para dejar de lado las limosnas y probar si realmente las nubes sabían a gominola. Al final sólo hacía falta respirar hondo, mirarse fijamente y dejar que pasaran los segundos. La solución estaba en los ojos, pero necesitabas darte cuenta de que por mucho que abriésemos la ventana el aire iba a seguir pasando de largo. Era como un truco de magia, uno de ésos que seguían funcionando después de tantos años metido dentro en el bolso.”
Nico.
Noviembre 15, 2007 a las 6:21 pm
sabeis que podéis contar con los míos!
Noviembre 15, 2007 a las 6:22 pm
se me cortó el comentario,
digo que sabéis que podéis contar con los míos para ponerlos por las calles de segovia…me parece una iniciativa estupendástica!
Noviembre 18, 2007 a las 1:34 pm
¡Y con los mios! (aunque solo participé en la última edición de los microrrelatos de Ana xD)
Por cierto, ¿pensais poner vuestro logo a disposición de los usuarios, lectores y escritores, que quieran seguir este movimiento en su ciudad?
Noviembre 18, 2007 a las 7:03 pm
en cuanto podamos subimos el logo y las instrucciones para que empapeleis más y más!!
Noviembre 21, 2007 a las 10:40 am
Yo también quiero participar en la iniciativa. Si escribo algún relato, ¿os lo tengo que mandar por mail o basta dejarlo aquí como el caso de Nico?
Noviembre 21, 2007 a las 4:57 pm
con que lo dejes aquí basta, y lo pondremos en la lista con los demás microrrelatos.
por supuesto también puedes coger cualquier microrrelato, imprimirlo y pegarlo por la calle, y, si te decides a hacerlo puedes hacernos llegar alguna foto para decorar este lugar
¡un abrazo!
Noviembre 21, 2007 a las 9:53 pm
¡Perfecto pues! Aquí os dejo uno
“Llegó cansado como cualquier día a su casa. Su mujer le esperaba con la cena caliente en la mesa. Al teléfono, su hija, que residía en España. Había contraído una enfermedad y el médico le había recomendado un clima más cálido. Su mujer le pasó el teléfono, como todos las noches. Él llegaba, colgaba el sombrero y la chaqueta y contestaba. Esa rutina duraba demasiado. Traerla de vuelta a Francia no era fácil. No eran buenos tiempos.
Esa noche, tras colgar el teléfono, cogió su violín, se volvió a poner la chaqueta y el sombrero y subió a la terraza. Encendió un cigarrillo y miró a la noche. Nadie supo después qué pensamientos le cruzaron la mente para que prendiera fuego al violín y se quedara allí, mirando sus cenizas.”
Y sí, ya he impreso unos con la idea de colgarlos por mi facultad. Si todo sale bien os traeré las fotos.
¡Saludos!
Noviembre 29, 2007 a las 7:25 pm
Esto es un microrrelato-terapia al que quiero dar el título de “Venganza”:
“Miró por la VENTANA y vio el atardecer que aquel día moribundo regalaba a los ojos: un cielo cubierto de nubes rojizas, como si Dios hubiera volcado una copa de vino sobre una célica miga de pan. Siguió la clase mirando de reojo a su compañera, esperando con intranquilidad el siguiente ejercicio ‘in pairs’ para charlar con ella y hacerle sonreír.
Ella iba siempre un paso por delante, conseguía desarmarle con un solo gesto y, a su lado, él se sentía diminuto. Por eso sabía que no tenía ninguna posibilidad, que nunca besaría sus labios ni sus manos se entrelazarían con las de ella. Aun así, no se cansaba de hacer tonterías para que ella sonriera; esa era su pequeña venganza: no podía poseer su corazón, pero sí sus sonrisas”.
Diciembre 8, 2007 a las 2:55 pm
Llevaba tiempo sintiéndose así.
Sólo quería una caricia, un beso, una palabra que la llenase.
Pero nada de esto llegaba.Cada día más largo, cada noche más eterna, fumando un cigarro por la ventana, pensando que ya nunca llegaría, no sabía por qué pero sentía que era una verdad enorme. Y su frustración cada vez era mayor y su pena crecía en sus ojos mientras sus cigarros se apagaban, como ella.
Diciembre 10, 2007 a las 10:23 pm
“Últimamente volvía a casa andando. Lo hacía sólo para pasar por esa casa. Me atraía de ella esa ventana que asomaba desde el ático, redonda, con un cristal que giraba según uno de los múltiples ejes de la circunferencia, que lucía negra fuera la hora que fuera. Pasaba por allí y me imaginaba cosas: una mano ensangrentada saliendo de ella, el débil brillo de algún utensilio de tortura. Me imaginaba que el sol la iluminaba por completo y veía los horrores que escondía. Me imaginaba asomando mi cabeza y veía como alguna bestia me devoraba. Sentía curiosidad, deseo y miedo a partes iguales.
De pequeña me decían que había que tener cuidado con lo que deseaba. Aquel atardecer finalmente lo entendí.”
Diciembre 23, 2007 a las 8:53 pm
“No había sido el ruido del despertador el que me despertó. Sin embargo, era curioso como mi cuerpo había reaccionado a pesar de la ausencia del molesto pitido. Me había alzado rígido, asustado, había mirado rápidamente hacia el reloj confirmando mis temores. Eran las ocho en punto, y debía de estar partiendo hacia mis clases dentro diez minutos, o llegaría tarde. Salí de la cama apresurado y en dirección al aseo. Busqué mi ropa en el armario, mis documentos sobre el escritorio, mi elegante mochila, mi pluma (regalo de mi difunto padre), mis gafas, mi abrigo y mi sombrero. No me dio tiempo a tomar nada antes de partir. Ni siquiera tuve tiempo para darme cuenta de que había dejado mi cuerpo, tumbado, sobre la cama. “